martes, 17 de octubre de 2017

Cuky y los cristianos renacidos

Hay que ver...Las historias del chef no tienen límite y hoy, os traemos una surrealista totalmente, como nos tiene ya acostumbrad@s. 
Hacía tiempo que no os contábamos ninguna de esas peculiares historias. Esta va a ser cortita pero, muy de la marca "el chef". Agarraos, que vienen curvas.

Aquí lo tengo, té en mano y gafas-falsas en hocico, (empeñándose con el calor del té), contándome con todo detalle cómo fue su época de misionero en Ecuador. Una época que duró poco. Un día, para ser exactos. Pero, según él, (carraspeando aquí a mi vera), el tiempo no importa, lo que importa es la calidad del mismo. Y dice que por calidad, calidad, más que dos días, parecieron dos años. Algo así como 7 años en el Tibet, pero sin ser 7 años, y sin ser en el Tibet. Ya lo vais pillando.

Hallábase el chef en Ecuador tomándose un año sabático, (que, no sé cómo se arregla pero, todas sus historias comienzan por un año sabático), cuando le ofrecieron un spot televisivo. No lo recuerda muy bien pero, de lo que sí está seguro, es que por los alrededores del set había una plantación de cacao, (ahí venía fraguándose ya su romance con el chocolate en particular y el dulce en general).
Del spot no recuerda mucho, salvo los 3 kilos de chocolate que se metió entre pecho y espalda, como pago por el mismo, (de aquella, como todavía no era famoso -en realidad, no llegó a serlo nunca- le pagaban en especias, y a veces, literalmente: "en especias"). De lo que sí se acuerda es de haber sido abordado al llegar al hotel en el que se alojaba, tras un duro día de grabación, para hablarle sobre la palabra de Dios y su misión en la vida.

El chef, que otra cosa no pero, de tonto no tiene ni un pelo perruno, intentó quitárselos rápido de encima por aquello de que le dolían las patas y el empacho que llevaba encima. Pero, lejos de amilanarlos, aquellos dos perrunos que le abordaron, se envalentaron todavía más y empezaron a dorarle la píldora un poco al chef. Total, que no se acuerda cómo, (veo muchas lagunas en esta historia, ejem, ejem), ni cuándo ni dónde, pero acabó de misionero ese mismo día, por la tarde, sin haber pisado todavía el hotel y, lo más importante, sin haberse tomado una sal de frutas para el empacho.
Un sol de justicia, 800º a la sombra, unos mosquitos como helicópteros, y el chef sin comer, (salvo la panzada de chocolate que llevaba). Los perrunos que le abordaron se hacían llamar los "Hijos de los cristianos renacidos"...O algo así. Una especie de perros voluntarios que viajaban por América del sur ayudando a los guaus más necesitados. 
Al chef a bueno, no lo gana nadie, pero en vagancia tiene un máster, y en glotón, un doctorado. Así que, cuando llevaba un par de horas pululando por allí, (ayudando, claro), le picó el gusanillo del hambre y del sueño, (todo junto), y buscó una sombra donde cobijarse y dormir un ratillo la siesta. Una siesta que duró 8 horas, como las que se suele echar él. Tanto fue así que, se olvidaron de él. Para cuando quiso despertarse, ya se habían ido todos,y su historia como voluntario....Pues quedó para contaros aquí, en "petit comité".

Pero bueno, lo verdaderamente importante es que hoy os traemos...¡¡¡Un cheesecake!!!. ¡¡¡Bieeeeeeeeeeeeeen!!!. Chupi, chupi. Con lo que nos gustan, ¿y a vosotros? ^^
 
 ~1 paquete y medio de galletas tipo chiquilín
~125 grs. de mantequilla (sin sal)
(*Para un molde de 20-21 cm)

 
~400 grs. queso brie (sin la corteza)
~300 grs. de queso de untar (tipo philadelfia)
~200 ml. de nata para montar
~2 huevos L
~3 cucharadas de harina de trigo común
~200 grs. de azúcar blanco
~Una cucharadita de vainilla en pasta
~Nata y mermelada para la decoración (puede ir al gusto)

  
~Forramos el fondo de un molde desmontable con papel vegetal o papel de horno.
Derretimos la mantequilla en el microondas y machacamos bien las galletas hasta que quede un polvo regular y todo del mismo tamaño. Juntamos mantequilla y miguitas bien y lo ponemos en el fondo del molde que tenemos preparado, apretando bien con las manos o con una espátula o cuchara, creando una base uniforme, (podemos subir un poco por los bordes del molde). Reservamos en el congelador mientras preparamos el relleno del cheesecake.


~Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo y, en la bandeja de horno, prepararemos un recipiente grande donde nos quepa el molde, para hacer un baño maría. Para ello, llenaremos el recipiente con agua hasta que cubra la mitad de nuestro molde apróximadamente.Dejamos calentar en la bandeja del horno, a la vez que se calienta éste.

~Quitamos la corteza del queso brie y lo partimos en trocitos pequeños que batiremos con las varillas eléctricas. A continuación, añadiremos el azúcar y seguiremos batiendo hasta que quede una mezcla más o menos homogénea. Resultará un poco difícil de batir pero, a continuación, añadiremos el queso crema y seguiremos batiendo. Ya nos será más fácil seguir.
Seguimos batiendo unos 3 minutos hasta que la mezcla sea homogénea.

~Por otro lado, batimos el huevo con la nata y, añadimos a la mezcla anterior, batiéndolo todo de nuevo con varillas hasta que quede homogéneo. Por último en ingredientes "húmedos", añadiremos la vainilla, batiendo de nuevo.

~A continuación, añadiremos la harina tamizada, poco a poco. Es mejor, cucharada a cucharada.

~Vertemos esta mezcla en el molde que teníamos reservado, damos unos golpecitos y ponemos nuestro molde, con mucho cuidado, sobre el baño maría que teníamos preparado dentro del horno. Bajamos el calor a 170º y dejamos cocerse durante 15 minutos. Pasado este tiempo, bajaremos a 130º y dejaremos hacerse otros 40-45 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo o tenedor, salgan "limpios", (que no secos, porque los cheesecakes siempre estarán húmedos hasta que enfríen, lo importante es que no salga sucio, porque eso significará que está aún sin hacer. No pueden quedar restos en el palillo, cuchillo o tenedor que metamos).

~Cuando nuestra tarta esté hecha, dejamos dentro del horno apagado, con la puerta entreabierta, durante 10 minutos. Pasado este tiempo, sacamos, pasamos los bordes con una espátula pero sin desmoldar, y dejamos encima de una rejilla hasta que enfríe por completo.

~Cuando haya enfriado por completo, metemos en la nevera, aún sin desmoldar, tapado con papel film o papel de aluminio. Lo ideal sería dejarlo enfriar de un día para otro antes de desmoldar pero, podéis dejarlo un par de horas.

~Para la decoración, nosotros optamos por una mermelada de frambuesa y nata, aunque admite cualquier tipo de mermelada o acompañamiento ;) ¡Ya veréis qué bueno! ^^

 Bueno, tengo que decir que la historia está mal contada, algún día, con tiempo, os contaré la verdad...¡¡gruff!!.Lo importante es que este cheesecake ha pasado a ser uno de mis favoritos, ¡guau!. Aunque el queso brie no me apasiona, en tarta está muy comestible y, a penas se nota el sabor, cosa de agradecer, ¡gruff!. Si os gustan los cheesecakes tanto como a nosotros, ya podéis ir cogiendo papel y lápiz, ¡gruff, gruff!. 

Nos encanta ampliar nuestra colección gochoncia de cheesecakes... Siempre que vemos, soñamos, pensamos o se nos ocurre el sabor de un nuevo cheesecake, damos palmas de alegría y no tarda un sólo día en que lo llevemos a cabo... Lo nuestro por los cheesecakes, es puro amor. Y lo del chef de misionero...Puro teatro, como decía la canción.

Sed felices, dulceros, y pasad una dulce semana.
¡¡¡¡Abrazo de osete solidario!!!!
(no como cierto chef...que se duerme a la sombra...)